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Si tengo que ser sincera y es algo que me sale incluso más natural que no serlo, tengo que admitir que habría escrito una crítica sobre ella elevándola a la altura del Olimpo aunque sus obras fueran pura y simple basura. Es verdad, lo habría hecho. Síp. Lo habría hecho porque en cuestión de ética y moral, la lealtad adelanta por goleada a la objetividad artística en mi campo de prioridades. Y así de desvergonzada sinceramente lo digo. Por lo tanto es una suerte, de cara al público y también en lo que respecta a las personas a las que afecta o afectaría esta distinción, que servidora goce de un instinto natural y una buena (y a veces mala) costumbre de acabar relacionada siempre con gente de gran talento (y no añado el adjetivo por rellenar hueco).
Sobre eso podría extenderme y extenderme y acabar babeando sobre la mejor diseñadora gráfica que conozco (mucho y muy envidiablemente
, los pedazo de escritores que conozco (aunque probablemente aquí tendría que limitarme a un par de frases porque para lo que no hay descripción posible, no la hay y es tontería intentar encontrarla), o, en fin, otros casos de envidiable imaginería y más que increíble disciplina que me rodean a la vez por los cuatro costados (amigos de aquí, familia, amigos de allá y ups, me he quedado sin uno para completar la metáfora).
Pero la protagonista de hoy es Tania Rico, y, como decía, es una suerte esta manía mía de guardarme a tanto artista cerca, porque cuando llega la hora de las críticas, te sorprendes, efectivamente, elevando a tus amigos a la altura de las nubes sin faltar, además, a tu criterio. Y es que es una lástima que hoy por hoy aún no tenga en mi poder las fotos que hemos hecho (mea culpa, que me compro una Cámaraosea (copyright de Aldery) y me la dejo en casa y a esperar a que se acuerden de enviarme las de los demás), porque había grabados estéticamente preciosos (que ya conocía, al menos casi todos), y otras obras de técnica mixta que no sólo eran atractivos por su aspecto sino también por sus emociones y significados. Para que os hagáis una idea, en cierto momento estaba abrazándola cual lapa en frente de uno de los grabados, diciéndole “qué fuerte (porque yo soy muy culta a la hora de expresarme, qué os creéis), qué súper fuerte (¿véis?) que hayas hecho todo esto. ¡Es como arte de verdad!”
Fotos pronto, si pronto las tengo.
También queda desvelado un misterio: la “crítica” del post anterior era para el periódico de la Casa Municipal de Cultura de Avilés, donde aparecía bien acompañado con algunas fotografías de los grabados de la susodicha Tania Rico, una introducción a su obra y milagros y otro par de críticas de unas más que ilustres personas (y aquí guiño un ojo y tiro un beso). En el periódico también se hablaba, entre otras muchas cosas, de las dos obras de teatro que voy a ir a ver este invierno en esa misma ciudad, Closer y Cyrano de Bergerac.
Aún para mí es un misterio por qué voy a ver al teatro una historia que ya he visto en formato cine y que, aunque objetivamente pudiera considerar buena, quedó lejos de parecerme agradable, pero ahí que vamos. Entre el reparto tenemos a Belén Rueda y José L. García Pérez, que, (para qué ocultar nuestra incultura general) son los únicos que me son más o menos familiares. Es mañana mismo, así supongo, si hay ganas, que pronto seguiremos informando.
Le decía a Ferluche (de Fernando y de peluche, aunque la fusión no es cosa mía), que no es poco chistoso ver en su flamante nuevo blog un titular que reza “Lecturas diarias” y, unas cuantas líneas por debajo, un enlace a este blog. Chistoso como poco. Su respuesta tuvo algo de reto y de empujón, y aunque los retos no me van mucho, a ver qué podemos sacar del empujón.
Mañana se estrena en Avilés una exposición dedicada a los grabados de Tania Rico, una de mis más íntimas amigas. Una de esas que entran en la categoría no sólo de “gente con la que me iría de vacaciones” sino, incluso más importante, también en la de “gente que no me importa o incluso me gusta que ande cerca cuando no me hace especial ilusión no estar sola en el universo”. De esa clase.
Para la exposición, o su folleto, o algo relacionado, necesitaba un par de críticas/comentarios/artículos/como sea sobre ella, sobre su obra o sobre Nunca Jamás. Así fue como nos lo explicó. Y aquí se avecina el rollo. Disculpad el merecido peloteo:
Sonará a chiste malo o historia trillada decir que todo comenzo en una tarde oscura y tormentosa, pero en honor a la sinceridad y para acompañar el ambiente que envuelve las obras de esta exposición, debo decir que así fue. La primera vez que vi algunos de los grabados más destacables de Tania Rico, éramos los únicos que quedaban en el bar, la lluvia repiqueteaba contra los cristales oscurecidos de los ventanales y la luz vaga y difusa de las lámparas colgantes iluminaba a duras penas los restos de cerveza de las jarras de los allí presentes. Tania llegaba tarde (obviamente), y cargaba con una carpeta gigante, de esas de alumno de artes, y también con un rictus cansado en los labios. Mientras nos contaba sus penas y sus glorias, robamos su carpeta y la abrimos, como siempre, sin permiso y sin vergüenza, y allí, en primer plano, estaban algunos de sus mejores grabados. Fue a través de ellos, y de sus explicaciones exaltadas, llenas de vívidas descripciones (olvidó rápidamente sus penas y decidió dejar las glorias para más tarde), lo que nos salvó de la tormenta esa tarde de jueves de final de trimestre, como quien abre un agujero negro en el espacio-tiempo entre las mesas de madera deslustrada del bar habitual, con destino guiado al país de las historias y las oscuras maravillas.
Desde entonces, “érase una vez” son, sin duda, las tres primeras palabras que me vienen a la mente a la hora de juzgar o comentar la obra de Tania Rico. Influenciada de forma evidente por la cultura siempre marginal de la fantasía y el terror, es el suyo un estilo que hereda la atmósfera sombría e irreal, a ratos ingenua, de los cuentos originales de primera línea, de esas historias llenas de oscuridad y finales aparentemente felices que la cultura actual se ha esforzado por deformar y desvirtuar en pro de unas versiones descafeinadas y políticamente correctas a las que se les ha arrancado el alma. Y es que alma, es, precisamente, lo que a ojos vista poseen todas las obras de Tania Rico.
Artista es un término que en zonas aisladas de la cultura actual se entiende con admiración y cierta deferencia, y que en otros, tal vez por menos elitistas o más envidiosos, se vuelve marginal y digno de desdén. En cualquier caso, no se puede negar que, se mire por donde se mire, la joven Tania Rico es, por definición y de espíritu, toda una artista.
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Hace un par de sábados, Oviedo, tarde en buena (mejor que buena) compañía y una captura de su alma aquí debajo a guisa de prueba para atestiguarlo. Dí con ella en un chat precreado de nombre #Camelot y fauna heterogénea cuando en el IRC (ese servicio de comunicación para frikis que ya no todo el mundo conoce) había más objetivos que el “BCN 15-18″ que gobierna ahora.
Para describirlo en pocas palabras: flechazo a primera “vista”. Las dos hicimos algo que nunca hacíamos porque tras nuestra primera (y última) charla en el chat, intercambiamos direcciones de e-mail y comenzó la más auténtica amistad por correspondencia que he tenido nunca. Los domingos después de comer eran nuestro momento messenger y el resto del tiempo, relatos cortos sin ton ni son, vidas en prosa y roleo, todo de un trocito a otro del servidor de Hotmail, mezclado, agitado, revuelto.
Nos conocimos en persona en terreno neutral un verano matador en Salamanca. Como suele suceder con gente de nuestra calaña, la tarde consistió en refrescos poco sanos en una terraza y sobre todo tiendas frikis, trotando de una a otra y de un lado a otro. No recuerdo bien si era con ella o con otra chica con la que estuvimos uno de esos días cuando un tío le dijo a su hijo desde un portal que “eh, mira, ahí van los jinetes del Apocalípsis”, señalando cómo caminabamos lado a lado, ocupando todo el ancho de la acera. Era falso porque éramos cinco (sólo por eso
), pero la sensación exultante que nos acompañaba, esa corta semana en Salamanca llena de películas estúpidas, amigos eternos y carreras a primera sangre en la nintendo, era bastante parecida a la de cabalgar por el borde del mundo.




