
Es el impulso de escribir esta entrada, u otra, o la de más allá, sin nada qué decir pero ganas de contar. Frustra, la picazón en los dedos que provocan las ganas de expandirte en todas las direcciones a la vez, haciendo imposible que te concentres en un camino y des más de dos pasos antes de saltar a otro. Es de suponer que este sea, también, el motivo de que me sienta más ligera (¿más cómoda?) escribiendo ficción (inventando) que escribiendoos aquí a vosotros, aunque aquí, a fin de cuentas, haya acabado. Aquí delante, por vencer en puntos las ganas de comunicarme que la ausencia de algo que comunicar.
O tal vez sea autocensura. Porque llega un momento en que te das cuenta de que, como en la foto, te apetece enseñarte pero sin mostrar nada, y así no se va a ninguna parte. Así ni siquiera se hacen buenas fotos, aunque no sea poco lo que se muestre cuando muestras que no quieres mostrar nada.
Será posible. Tantos años en el Internet éste y sigo cometiendo las mismas fechorías.
Vosotros, yo. Yo, vosotros. Aunque supongo que sólo entraréis tú y tú y sobran las presentaciones.



