Facebook, pimpollos. No tiene círculos pero tiene gente. No tiene estilo pero tiene poder. Y, qué diablos, en realidad el estilo corre de nuestra cuenta ponérselo.

La versión extendida de estas últimas semanas es muy entretenida, de verdad. Tiene búsquedas desesperadas por puertos donde habitan cientos de gatos callejeros. Tiene rutas de ascensos que dan susto y de las que te alejas cojeando y con una herida en la cabeza. Tiene un montón de momentos tristes y un montón de momentos llenos de estrés. Y dicho así no suena entretenido pero, será por la costumbre, lo que mejor se me da relatar son las búsquedas desesperadas y los momentos llenos de estrés. Lo que pasa es que en buena medidaesta historia no es mía, y por eso el honor me incita a guardármela en otro lugar  menos público.

Pero la gata arisca, desconfiada, irritante y escandalosa que buscábamos ha vuelto a su casa. Tan arisca, irritante y escandalosa como siempre. Y no puedo esperar a colocarme estratégicamente en el salón, haciendo de mi un sofá apetecible (se me da de vicio) y aguardar pacientemente a que venga a mí en busca de calor y del desesperado amor con el que intento deshacer todos sus traumas :D

(Gracias a que, a diferencia de como había llegado a creer estos últimos días de tanto pensar feo y desconfiar, sí que existe salvación para la humanidad :D)

(Y a Facebook.)

(:D)

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